Hay 9 cosas que dejé de hacer para tener un negocio alineado con mi vida, y primero, te voy a confesar la razón: no soy una businesswoman que lleva tacones todo el día y que quiere trabajar en la planta más alta del rascacielos. Está genial tener ese sueño, pero a lo largo de los años he aprendido que no es el mío. Soy una persona con una mente muy activa, por lo que en lo físico quiero estar rodeada de calma, de campo, de naturaleza. Y esto lo estoy consiguiendo al crear un negocio que realmente se integre en esa vida que estoy construyendo y no al revés: no quiero adaptar mi vida a mi trabajo.
En este episodio te voy a contar esas 9 cosas que dejé de hacer y que tú también puedes empezar a soltar si quieres alinear tu negocio con tu vida. Te confieso también que algunas son sencillas, pero que otras me han resultado más complicadas y otras incluso todavía tengo que recordarme no hacerlas.
1. Dejé de responder mensajes a cualquier hora
Esto lo hice desde el principio de mi negocio. Me genera un poquito de estrés sentir que tengo que responder cada mensaje que me llega al momento, además de que sería inviable por el volumen de mensajes que me llegan, pero cuando entro a mis redes sociales o al correo y disfruto de leer los mensajes, puedo responder con tranquilidad y cariño. Todo esto me da control de mi tiempo y energía.
Por supuesto, hay mensajes que sí son urgentes, como de clientes o proveedores, y por eso, en mi caso, los tengo delegados a mi equipo para que no se pasen de fecha. Los mensajes de cariño me preocupo de leerlos yo misma, porque aunque no son urgentes, sí son prioritarios para mí.
2. Dejé de intentar gustarle a todo el mundo
Esto lo aprendí en mi época de YouTube, cuando cerré el canal. Uno de los grandes duelos que viví fue aceptar que mi forma de ser y mis decisiones no le van a gustar a todo el mundo. Y es lo suyo, porque si estás intentando complacer a todo el mundo, no estás siendo auténtica, no te estás lanzando a hacer lo que realmente quieres conseguir.
Esto además me ha quitado una mochila muy grande de intentar cargar con las expectativas de los demás. Yo soy yo y quien conecte conmigo va a recibir mi yo más auténtico. ¡Y qué bonito es eso!
Claro que esto no quita que me tire a la piscina a probar decisiones, para ver cómo de cómoda me siento con algo. Es importante para mí experimentar cosas para ver si conecto con ello. Pero eso también es auténtico en mí, porque lo estoy haciendo mío.
3. Dejé de compararme con el negocio de otras personas
Esto me costó mucho, no fue de un día para otro y requirió esfuerzo. Hubo una época en la que tendía a compararme y me dejaba mal energéticamente. No me estaba haciendo ningún favor, porque ninguna de esas personas era yo y no tenía sentido esa comparación.
Es genial probar lo que hacen las demás, pero no compararse: cada una tiene su recorrido, sus recursos, su mentalidad, sus heridas… Si te vas a comprar con alguien, compárate contigo misma, con cómo estabas hace cinco años, hace un año, con quien sabes cuáles eran las circunstacias que te rodeaban en ese momento.
4. Dejé de tomar decisiones desde el miedo o la urgencia
Esto es algo reciente para mí y es porque muchas veces te ves en situaciones en tu negocio en las que te entra el miedo, te entran inseguridades… En ese momento, tienes que dejar esos sentimientos te atraviesen, los transites y entonces, una vez reflexiones, tomes la decisión que está alineada contigo.
Si tienes que esperar una semana o un mes para que algo salga bien y sea coherente contigo y tu negocio, hazlo. Es mejor hacerlo desde la calma que desde el miedo. Toma decisiones con agilidad mental pero no desde la inquietud.
5. Dejé de escuchar consejos de personas que no tienen el negocio que yo deseo tener
De entrada, las personas que no tienen un negocio no son a las que yo voy a hablarles de mi negocio. No me refiero a no contestar si me preguntan qué tal me va, sino a conversaciones más profundas, más de análisis. No les pregunto opiniones ni consejos si no tienen un negocio o incluso si no tienen un tipo de negocio que esté alineado con el mío y con lo que yo busco para el mío. Puedo escuchar a esas personas, pero sabiendo que tienen un ritmo diferente al mío.
Tu amiga del alma que te quiere muchísimo y que te apoya y que se ofrece a hacerse fotos contigo, está genial y es un valor incalculable, pero no tiene sentido que te dé consejos sobre un negocio que ella no tiene.
6. Dejé de priorizar mi negocio sobre mi salud
Esto es clave y muchas veces lo aprendemos a las malas, cuando el cuerpo te pide basta. A mí me ha pasado, aunque por suerte no de manera drástica. En esos momentos es cuando me pregunto por qué he elegido ser mi propia jefa: no para estar autoexplotándome a mí misma, que lo he hecho en muchos momentos (sobre todo al principio de mi emprendimiento).
Por supuesto hay momentos, como en un lanzamiento, en los que tal vez tenga que estar menos presente en algún área de mi vida personal, (¡¡o incluso días en los que estoy mal y la vida me arrastra!!), pero siempre tengo claras mis prioridades: mi salud, mi familia, no abandonarme a mí, incluso en épocas en las que mi negocio requiere más de mí.
7. Dejé de poner precios desde la inseguridad
El tema de poner precios a tu servicios (no a un producto) genera muchas dudas porque no es tan tangible: un curso online, una consultoría, mis conocimientos… Es toda una aventura, porque hay muchos factores a tener en cuenta, como si es algo ya rodado y el cliente tiene esa seguridad o si es algo nuevo y es una confianza ciega. Lo que hago es moverme en una especie de termómetro de precio, en el que me voy acercando a lo que creo que es coherente para la persona y para mí.
Lo que evito es poner un precio alto por la necesidad de facturar más, o bajo por el qué dirán. Pongo un precio que yo realmente siento que es justo teniendo en cuenta mi compromiso, mi dedicación y la de mi equipo, la transformación y las conexiones que va a crear la persona después de pasar por mi servicio.
8. Dejé de vincular mi valor como persona con los resultados de mi negocio
Esto cuesta mucho y lo sé no solo porque yo lo he vivido, sino porque lo veo en muchas de mis alumnas. Cuando un lanzamiento no sale bien, te afloran sentimientos del estilo “No valgo para esto” o “A dónde voy y qué pretendo con esto”. En lugar de eso, hay que sentarse a ver los resultados y, separándolos de tu persona, analizar qué ha salido bien, qué ha salido mal y cómo lo vas a hacer la próxima vez de forma mejorada. Para esto sirven los números, para ver cómo estás haciendo las cosas en tu negocio y no para decirte lo que vales tú como persona.
No vender nada no significa que tú no vales nada. Hace unos 3 años lancé un programa que solo compró una persona y que cancelé. Imagínate si hubiera cerrado mi negocio por ese dato. No. Simplemente mi audiencia no estaba receptiva para ese programa, yo no comuniqué bien la promesa de ese programa, tal vez no estaba conectado con mi forma de ser… En cualquier caso, ese resultado no significó que yo no valiera como persona. Todos tenemos que pasar por prueba y error y todos hemos invertido y perdido. No lo vincules contigo como persona.
9. Dejé de ignorar mis ciclos de energía
Empecé a ser consciente de lo importante que es mi energía en mi negocio y cómo estoy yo por dentro y cómo fluyo con las cosas. Cuando algo tiene sentido para mí, cuando algo realmente me apetece y cómo me levanto una mañana afecta a mi manera de trabajar. Bailo con mi energía y aprovecho los chutes de energía, mientras que cuando estoy en bajada, reduzco la marcha, siempre sin parar.
Es crucial adaptarse a tu ciclo de energía porque así tu negocio no es una lucha constante. Si tengo algo agendado que no cuadra con mi energía ese día, valoro si lo puedo mover. Si no, pues entonces me despejo el resto del día de tareas que sí puedo mover para dedicarle mi energía a esa tarea en concreto.
Eres un ser humano, no un robot. Tendrás días en los que puedes hacer el doble del trabajo que te habías propuesto y eso te permite ser flexible cuando tu energía está baja. Esto está muy ligado a la acción: tu negocio no se sostiene si siempre vas suave y calmada por la vida esperando que florezca solo; hay que presentarse al trabajo y estar ahí dándolo todo por ese sueño que es tuyo.
Cuéntame en cuál de estas 9 cosas de este episodio vas a empezar a trabajar y te leo en los comentarios.
Te mando un beso gigante,
Marta
